Los liberales tienen una manera peculiar de cambiarle el nombre a las cosas con el fin de hacerlos aceptables. Cuando el ex-presidente Clinton cometió adulterio él lo llamó un “error.” Por su supuesto, que fue pecado. Todos saben que las palabras “elección” y “feto” han sido usadas para justificar el asesinato. Recientemente, y políticamente los lexicógrafos han acuñado la frase “matrimonio entre personas del mismo sexo.” Desde una perspectiva bíblica, independientemente de, un nombre adecuado para esta actividad, es “homosexualidad legalizada.”

Sin importar el intento de las parejas del mismo sexo para justificar “casarse” al declarar en una ceremonia que ellos serán fieles el uno al otro, la voluntad de Dios jamás aprobará ni aceptará sus actos -aunque el estado eventualmente lo apruebe y lo acepte. De hecho, hacer votos para permanecer en tal relación pecaminosa solo empeora la situación. Además, la iglesia del Señor Jesucristo nunca debe participar en, ni promover la legalización de la homosexualidad. “ Los ministros” que lo hagan, ya sea voluntariamente o por coacción (chantaje) (en caso de que alguna vez llegue a eso), de este modo se descalifican ellos mismos como siervos de Jesucristo. En contraste, es nuestro deber y gozo afirmar la idea bíblica del matrimonio -la unión entre una mujer y un hombre. En la Biblia, varios hechos son claros: Fue Dios mismo quien unió a un hombre y a una mujer en matrimonio (Gén.2:22).

El matrimonio, por lo tanto, es una institución divina, no una humana (Mat.19:6). Por consiguiente, Dios, no el hombre, tiene el derecho para definir los términos de la institución.

Y, como otros artículos en esta edición de Tabletalk lo dejan en claro, el homosexualismo y el lesbianismo no son “natural” (Rom.1:6,27). Cuando Pablo usa la palabra phusis, para denotar que lo que es en contra “naturaleza,” él habla de un acto que es contrario a la creación -contrario a la manera en el cual Dios diseñó a los seres humanos para funcionar sexualmente.

No es como si los Cristianos menosprecian o se oponen a la actividad sexual, todo lo contrario. Cuando, dentro de los límites del matrimonio santo, las personas se dedican a las actividades sexuales adecuadamente, la cama del matrimonio “no es contaminada.” De hecho, con el fin de disipar, las falsas nociones ascéticas, el escritor de esas palabras insta a todos los cristianos a “honrar el matrimonio” (Heb.13:4). La idea distorsionada que algunas personas tienen de la enseñanza cristiana acerca de la sexualidad te conduciría a creer que nosotros pensamos que el diablo, no Dios, fue la causa de ello. Por el contrario, Dios demanda la máxima expresión de actividad sexual de amor dentro del matrimonio, una expresión que puede ser propiamente iniciada ya sea por el marido o la esposa (1 Cor.7:4-5). Y en ese mismo pasaje, Pablo advierte que el fracaso de satisfacer los deseos sexuales de uno de los cónyuges puede llevarlos a la tentación por Satanás. Claramente, entonces, el matrimonio santo debe ser fomentado en todo los sentidos.

El matrimonio tiene muchos propósitos, el cual solo uno es la procreación. Ese es un tema aparte. Pero, en este estudio, lo de máxima importancia es el hecho de que el matrimonio debe ser una “complementación” de uno mismo algo que no es posible en una relación homosexual. Al proporcionar una pareja a Adán, Dios dijo:“Le haré ayuda idónea para él” (Gen.2:18). La palabra Hebrea traducida “idónea” en la King James Version significa, literalmente; “el que se aproxima (o complementa) a alguien más.” Si usted corta una toronja hábilmente en dos, las mitades encajaran exactamente cuando se coloquen en una yuxtaposición apropiada el uno al otro. Pero si usted corta a la mitad otra toronja con un corte irregular, ninguna de las dos partes resultantes encajaran con cualquiera de las mitades de la fruta previamente seccionada. Son solo esas mitades que se aproximan exactamente el uno al otro que hacen una totalidad adecuada. Es este concepto de integridad compartida que está inherente en el pasaje de Génesis.

Los hombres y las mujeres fueron diseñados para ser “una sola carne”(Gen.2:24). Pero no puede haber ninguna unidad, aparte de la pareja de un hombre y una mujer que se aproximan el uno al otro en toda cuestión. Esta “unidad” no debe ser pensada como meramente una unión sexual (aunque ciertamente incluye eso). Más bien, en Hebreo enseña, de que el término “carne” no solo se refiere al cuerpo físico, sino también a la persona entera. Cuando Moisés describió la destrucción entera de la raza humana (excepto a Noé y su familia), él describió esta catástrofe como  “el fin de toda carne” (Gén.6:13 KJV). Seguramente, él hizo referencia a más que cuerpos cuando usó esta frase. Por supuesto, en una manera similar a nuestro uso de las palabras “todas las personas” (por el cual nos referimos a más que solo carne y huesos), él usó la palabra Hebrea “carne” para querer decir “persona.” Venir a ser “una sola carne es venir a ser “una persona.”  El matrimonio, entre varón y hembra, no solo hace un exacto “ajuste” sexualmente, sino que también su masculinidad y feminidad “llena” o se “completa” el uno al otro en todos los sentidos. Los dos se constituyen un “todo.” En un adecuado matrimonio, los hombres tienen la oportunidad de ver el mundo a través de los ojos femeninos de sus esposa, y las mujeres a través de los ojos masculinos de sus esposos. Mi esposa ha traído cortinas con encajes en mi vida; y yo he traído botas enlodadas en la de ella (¡Algunas veces para ensuciar sus cortinas!). Las relaciones homosexuales carecen enteramente de tal visión expandida del mundo.

¿Y qué de la persona soltera? ¿Debe él o ella carecer por siempre de los beneficios de esta perspectiva de casado? Probablemente, pero Dios hace compensar por ello. Cuando Jesús habló de la indisolubilidad del matrimonio, excepto por el adulterio y abandono, los discípulos (quienes, indudablemente, conocían las enseñanzas del Rabí Hillel de que casi cualquier cosa desagradable podría constituirse motivo para el divorcio) dijeron: “Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse” (Mat.19:10). Ahora, por supuesto, ellos lo hicieron de todas maneras (1 Cor.9:5). Pero, en respuesta a su precipitada resolución, Jesús explicó que no todos tienen la capacidad de vivir una vida soltera, el cual Él declaró que solo es para “aquellos a quienes es dado” (Mat.19:11). Claramente, para compensar el hecho de que “no es bueno que el hombre esté solo” (Gén.2:18), Dios dispone a tales personas con una “capacidad” para un especial, y gratificante servicio, el cual Él espera que ellos puedan desempeñar. (ver 1 Cor.7:7).

El matrimonio, llevado a cabo en una manera Bíblica, ofrece grandes beneficios. Solo es necesario leer Efesios 5:21-33 para entender cómo, en el reflejo de la relación de Cristo y su Iglesia, el matrimonio puede ofrecer uno de los más profundos gozos posible. En ello está el amor, el afecto, compañerismo íntimo, el sexo permitido y así sucesivamente. Cuando Dios quiere explicar la plenitud de la gloria futura que tendremos en unión con Cristo, Él escribe: “ Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos. Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. (Ap.19.7-9).

El matrimonio, llevado a cabo en una manera Bíblica, ofrece grandes beneficios. Solo es necesario leer Efesios 5:21-33 para entender cómo, en el reflejo de la relación de Cristo y su Iglesia, el matrimonio puede ofrecer uno de los más profundos gozos posible.

Para describir ese perfecto, glorioso evento, note que Dios usa la metáfora de una boda. De esto deberíamos aprender no solo que el matrimonio es bueno y santo, sino que Dios tuvo la intención de que fuera una maravillosa bendición para la humanidad. Cuán trágico es arruinar y manchar su carácter (o su naturaleza) al usar la palabra matrimonio para describir la homosexualidad legalizada! En misericordia, a pesar de que la homosexualidad es una manera de vivir pecaminosa, y no un problema genético, Pablo aclara que es posible para un homosexual ser “lavado” de su corrupción a través de la gracia salvadora de Jesucristo. Sin embargo, no es sólo los no creyentes que se encuentran atrapados en este pecado que Dios reprenderá, sino también esos Cristianos que fallan al exhibir y disfrutar todo lo que el matrimonio puede ser. Una cosa es condenar la homosexualidad; y otra es vivir una vida casado que en sí misma se condena por otro lado. Es, por lo tanto, nuestro privilegio no solo entrar en el deleite de esta maravillosa institución ordenada por Dios, sino por la manera en el cual honramos el matrimonio al exhibir la gloria de Dios.

Principalmente, esos que leerán estas palabras son creyentes en Cristo. Si, por casualidad, algunos que no son parte de Su pueblo, lo están leyendo, déjame instarte a entrar en la más grande relación posible tanto para ahora como para el futuro, al llegar a ser parte de la novia de Cristo. Esta novia es Su Iglesia, la cual algún día será: “gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efe.5:27). Que incluso trasciende el sexo (Mat.22:30).


Fuente: Ligonier Ministries

Traducción: Elioth

 

 

 

 

Sobre El Autor

Jay Edward Adams (nacido el 30 de enero de 1929) es un escritor cristiano reformado estadounidense que ha escrito más de 100 libros .Fue pastor en diversas iglesias en Pennsylvania y Nueva Jersey, con la Iglesia Presbiteriana Reformada y la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa. Fue profesor de teología práctica y directo de Estudios Avanzados en el Westminster Theological Seminary (California). Decano del Instituto de Estudios Pastorales en la Fundación Cristiana de Orientación y Educación (Laverock, Pennsylvania). En 1991 dejó su puesto en el Seminario Westminster para, junto a su yerno, dedicarse a la predicación y fundación de iglesias en Carolina del Sur.

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